sábado, 18 de junio de 2011

Envuelta en absurdas dudas llenas de un salado mar, mar que remó por los cielos y encontró abismos insanos, los cielos parecían mentirme cuando se disfrazaban de celeste-celestial.
La rueda giró y giró, las páginas del libro se volvieron locas, las carreteras se estremecieron, los ojos se vistieron de gris y salieron a dar un paseo.
Mientras tanto en mis sueños alguien parecía desgarrarme con la mente, alguien quería acabar con lo poco que quedaba de mi.
Y así me fui alejando y llegue a una solitaria y oscura playa (por cierto, ya no estabas) al lado del camino podía ver a alguien escupiendo hiel, a alguien que me observaba con una iracunda mirada.
Yo no te reconocí al principio, le mentí a mis ojos, les dije que todo ésto era una farsa, que tu seguías siendo el mismo.
Como dije antes, ya no estabas. Habías desaparecido entre mis sueños, entre todos los sueños en los que participabas... te fuiste y me dejaste con el beso atragantado, el eterno beso que aún muere por salir, el beso que muere por que seas tú su receptor.
Pero tú, no el otro. Tú, ese que amé tanto alguna vez, ese que de tan solo recordarlo se me empapan los ojos de nostalgia.
Pero ya no vale la pena, ya no. Por más que mis mejillas se humedezcan con tu recuerdo, sé que ya no vale la pena. Y eso es lo que da mas pena, que ya no valga nada, que se haya extinguido...
Eramos buenos juntos pero no fué destino... fué suerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario